El pasado domingo día 20 Asdea celebra su tradicional comida de navidad.
Tuvo lugar en la localidad de Espartinas, el punto de encaje de varias actividades, cada una de ellas con su especial interés . Los treinta allí congregados en este peculiar encuentro navideño participábamos de muchos y sólidos lazos en común.
Si bien cada actividad podría haber sido un excelente motivo de la reunión, fuimos dando cuenta de todas en el orden establecido, apurando cada instante en su belleza y de la mano, además, de Juan Pedro Corrales, persona muy cercana y edil del Ayuntamiento de Espartinas que nos acompañó, como atento anfitrión.
Pues bien, de todo lo realizado el cronista se fija especialmente en la visita a la Ermita de Nuestra Señora de Loreto.
Es su privilegio. Que con anterioridad, hubiéramos conocido las Bodegas Loreto, aledañas a la Ermita, y posteriormente tuviera lugar el ágape fraterno en un restaurante local, no le quita protagonismo a ese convento que aloja a la que dicen «Patrona del Aljarafe», Nuestra Señora de Loreto, punto neurálgico de un espacio habitado de forma continuada desde la época romana hasta hoy. Y, a tenor de los muchos vehículos estacionados en el aparcamiento, bien visitada en sus cultos.
Pero vayamos en su orden cronológico. De la mano de Antonio Limón tuvimos la oportunidad de conocer a fondo las Bodegas Loreto, ubicadas en una primitiva hacienda del siglo XVI. Según cuentan los historiadores, subrayó Antonio, fue propiedad de Don Enrique de Guzmán. Se dice que fue su esposa, Doña María Manuel, la que tras un accidente en el puente de Triana (entonces de barcas) y en señal de agradecimiento, decidió donar la hacienda a los frailes y edificar un Monasterio. Así nos lo contaron (ocurrió lo mismo después en la visita al propio convento) de modo que así queda escrito.
Con un lenguaje sencillo, supimos de los procesos de elaboración del vino, desde que se plantan las vides al trasiego de caldos en botas, bocoyes o barriles, pasando por el proceso de molido en los rodillos, la prensa, etc.
trasmitiéndonos la emoción con la que parece impregnar su trabajo, que no es otro que elaborar artesanalmente caldos primorosos. Finalmente, una degustación de mostos, vinos dulces y blancos que entonó gargantas y estómagos y a todos satisfizo.
Pared con pared, y custodiado desde hace casi cinco siglos por muchas generaciones de la Fraternidad Franciscana, se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de Loreto, compartiendo los muros de la llamada Torre del Loreto (que viene a referirse al lugar poblado de laureles) Esta conserva en la actualidad una imagen de la Virgen, como así nos mostró el fraile que, muy amablemente nos invitó a conocer el Convento, su Claustro del Aljibe y otros patios repletos de flores multicolores,
las salas expositivas (donde destaca la bella orfebrería de las andas de la Virgen para procesionar) el Patio de la Torre Mocha, la Sacristía y, muy especialmente, al camarín de la Virgen que centra el retablo barroco de la iglesia conformando el conjunto un enclave de alto valor artístico; de hecho, tiene la categoría de Monumento como Bien de Interés Cultural.
El origen legendario del culto en este recinto ya lo recoge fray Francisco de Angulo en el año 1584.
En su crónica del Convento afirma que, atendiendo a la tradición oral, el Sábado Santo del año 1384, dos cristianas cautivas en el actual Marruecos despiertan de su sueño en las cercanías de una torre llamada de Loreto (torre defensiva medieval) y, en el tronco de un olivo cercano, la imagen de la Virgen, interpretando tal hecho como un auxilio a sus oraciones por la liberación. Al parecer, los habitantes de la cercana localidad de Umbrete alojaron a las cautivas en sus casas, llevándose la imagen para cobijarla en su iglesia parroquial; sin embargo, de forma milagrosa la Virgen volvió al lugar de aparición, por lo que en seguida se inicio su culto.
Muy gratificados por la belleza del Santuario, su titular, dependencias y tesoros, finalizamos la visita agradeciendo al franciscano su amabilidad.
Solo faltaba continuar nuestra convivencia procediendo a compartir mesa y mantel en el tradicional ágape fraternal. El que un grupo se reúna para beber y comer es tan antiguo como el hombre mismo. Que, además, sirva de celebración y disfrute de las viandas, se sientan grupo,echen en falta a los ausentes y deseen repetir, ya son logros destacados para una ceremonia de estas características. Por ello, a esa puerta llegamos (la del Mara’s Tapas y Asador) con algo de hambre.