Tras la caminata por las Asperillas del mes de febrero, resonaban aun en nuestra memoria la agradable caminata y el eco de las palabras del cantillanero del siglo XII Abu Madyan, iniciador de una escuela sufí integradora e incluyente, como no podía ser menos de todo andalusí que se precie. Por ello, afrontamos con muchas expectativas el pasado sábado cuatro de mayo esta quinta etapa, de lo que la guilda de «Sen de Ritmo» (ASDEA-AKELA) ha dado en llamar “Riberas con Historia”.
Una ruta que, si la anterior nos traía excelentes recuerdos a los scouts, la de la rivera del Parroso la tenemos grabada, no a fuego, pero sí con mucho cariño todos los scouts de Sevilla. Porque traer al presente momentos pasados vividos con intensidad en la adolescencia, con independencia de su color emocional, nos recuerda que seguimos muy vivos, que hemos crecido, algunos incluso madurado, y que nuestra vista alcanza, si no más lejos, sí tiene mayor profundidad. Y, sobre todo, que los lazos que se establecieron siguen muy sólidos. Al menos así lo vivimos los participantes: un buen grupo de 12 miembros de Akela, a la que se sumaron seis entusiastas amigos, dos durante la ruta y cuatro durante la comida y la visita cultural. Echamos de menos a algunos asiduos, pero no todos estamos siempre para todo.
Tal y como indicaba el programa, y como viene siendo acostumbrado, combinamos una parte física, de vivencia por el bosque y la sierra, junto a otra de un carácter más cultural y gastronómico. Todo en el mejor ambiente de convivencia y fraternidad que no por habitual, debemos dejar de subrayar.
Así, tras el contundente desayuno, para algunos, en Casa Navío (la antigua Venta Tomás a la entrada de Cantillana) como ya lo hicimos en la anterior salida, disfrutamos de un hermoso paseo por la zona minera de Villanueva. Tras un breve calentamiento desde un punto cercano a la Rivera donde quedaron los vehículos, nos esperaba el guarda de la finca para acompañarnos y guiarnos. No pudo ser. Su motocicleta decidió que debíamos ir nosotros solos. Y así fue. Quede constancia aquí del programa inicial por cuanto nos atuvimos a ello en todo momento: “(…) oteando una cantera, actualmente en actividad, visitando los restos de un asentamiento almohade, ubicado en un cerro, con su ermita y su leyenda incluida”
La Ermita (ya abandonada) de la Virgen de los Reyes nos resultó muy sugerente; en especial, por su actual situación de ruina, lo que desaconsejó su visita interior. Mas no le quitó un ápice del aire de misterio y leyenda que sugieren siempre los edificios ahora abandonados, pero que durante algún tiempo albergaron mucha vida. Y, más concretamente, lugares de devoción, como este, que han tenido desde la Prehistoria presencia humana. Aquella meseta donde se eleva la ermita, ahora preñada de chaparros y vegetación que cubren incluso los restos del antiguo transportador de metales de la mina cercana a cielo abierto, contuvo durante un buen número de años una romería de vecinos que acudían allí con ánimo peregrino. Pudimos contemplar posteriormente espléndidas fotografías que daban fe de ello.
El Cerro, situado en un entorno donde la leyenda es algo habitual, El legendario bandolero Andrés López (el Curro Jiménez de la serie) parece ser que tuvo su final en esta sierra; la Rata Madre, en el pinar de San Fernando o la que relatamos sobre esta pequeña montaña y que lleva por nombre LA MORA CAUTIVA. Esta leyenda, se sitúa en la época de la conquista, entre amores no correspondidos y represalias por ello. La mora, de nombre Zoraida, prendada de su amado Almansur, es presa por Leudovico, el vencedor. Almansur huye con el propósito de volver con ayuda y rescatar a su amada, lo que no pudo ser. Recientemente, un señor muy mayor, con vestimenta típica del otro lado del mediterráneo, con actitud nerviosa, preguntaba a diestro y siniestro dónde se encontraba el Cerro Al Muhir. La casualidad dio con un lugareño que le indicó que no había tal cerro por allí. Al momento, este señor, buscando un lugar apartado y con mucho sigilo, mostró un muy viejo pergamino al vecino, quien, nada más verlo, localizó al momento el cerro como Cerro de la Encarnación. Contento quedó el viejo árabe con la localización y le comentó que venía a rescatar a Zoraida, pues, según le habían comentado, el cerro tenía aún los pasadizos de antaño y guardaba en ellos unas galerías con celdas cerradas y esperaba encontrarla allí.
Algunas noches, sobre este lugar, se escuchan voces, susurros y cantos de Zoraida a la espera de que alguien se acerque y la devuelva a la vida.
Y continuamos camino.
Las vistas, como ya hemos dicho, eran espectaculares de toda la Vega del Guadalquivir. En días claros dicen que puede verse la Torre Pelli de Sevilla que, con sus 178 metros de altura, está a unos sesenta kilómetros de este punto.
Efectivamente, y como avanzaba el programa, tras al descenso atravesamos un precioso tramo de sierra perfumada por el aroma de jaras blancas y lilas y, muy especialmente, ese “salto” que tuvimos que dar para cruzar el Parroso. La “arriesgada” maniobra, para algunos, imprimió una dosis extra de emoción. De ello quedan las pruebas fotográficas que ilustran este breve comentario.
El espléndido bosque de ribera, majestuoso, variado y muy bien explicado por quien sabe de esto, nos acompañó hasta la zona donde se encontraban los vehículos. En definitiva, un agradable paseo de unos nueve kilómetros, que nos abrió el apetito y despertó la sed.
Ya en Villanueva del Río y Minas, almorzamos en un restaurante próximo a la carretera de entrada, acompañándonos un grupo de antiguos mineros que, posteriormente, nos expusieron con todo lujo de detalles la historia (la más conocida y la menos) de la fábrica «El Carbonal» en el Salón de Actos de la Biblioteca Municipal. Con ayuda de una bien elaborada presentación de fotografías, nos transportaron a los momentos de mayor producción de cemento, así como a la vida cotidiana de los “habitantes” de la fábrica, con sus casas, escuelas, etc. Una excelente ocasión que aprovechamos para charlar con ellos sobre sus memorias, plasmadas en el libro «Memorias de un Carbonero», de José Luis Garbajosa.
No menos apasionante fue el paseo guiado por los restos de las instalaciones que aún quedan en pie, tanto de la fabricas como de las casas de los antiguos trabajadores, habitadas ya no por “carboneros”.
Otra oportunidad de compartir momentos maravillosos la que nos ofreció la guilda de «Sen de Ritmo» (ASDEA-AKELA). La de hoy en un lugar de muy gratos recuerdos para los que vivimos el escultismo de muy jóvenes en las riberas del Parroso. Además, amenazan con una séptima etapa, aunque ya será con menos calor.
Nos apuntamos ya.
Cronista, Castor Caminante